¿Y tú, de dónde eres? Salou y el sentimiento de pertenencia de sus residentes.
El sentimiento de pertenencia no es un algoritmo, es una emoción que ni se compra ni se vende. Es algo que nace del corazón y se alimenta de lo cotidiano.
Hace unos días, el Ayuntamiento de Salou convocó unas jornadas de participación ciudadana bajo un título que, a mi juicio, denotaba una búsqueda casi desesperada: la del sentimiento de pertenencia. Mediante cuestionarios de participación on-line y ante una presencia vecinal no demasiado amplia, la institución intentaba descifrar qué nos hace sentirnos de aquí. Qué es lo que nos impulsa a querer volver a casa cuando viajamos.
El sentimiento de pertenencia no es un algoritmo, es una emoción que ni se compra ni se vende. Es algo que nace del corazón y se alimenta de lo cotidiano: de tu sofá, de tu rincón favorito en la cocina, del saludo con el vecino en el rellano o del calor humano de ese lugar donde desayunas cada mañana. Decidimos "pertenecer" a una calle o a un barrio porque nos sentimos a gusto en él. Es así de simple.
Sin embargo, parece que nuestra administración local prefiere buscar respuestas fuera en vez de escuchar a sus conciudadanos durante todo el periodo de gestión y no a poco más de un año antes de las próximas elecciones municipales.
Se destinan partidas presupuestarias a agencias externas para que nos expliquen, casi de forma forzada, cómo debemos sentirnos los de adentro. Otro "pellizquito" al presupuesto municipal para decirnos lo que cualquier vecino y vecina ya sabe sin necesidad de consultorías, pero que por lo visto quén más lo tendría que saber no sabe.
- Según la RAE, pertenencia es el hecho o circunstancia de formar parte de un conjunto. Podemos entender por tanto que el sentido o sentimiento de pertenencia es la satisfacción de una persona al sentirse parte integrante de un grupo, una comunidad, una institución.
La fórmula de la pertenencia en pleno siglo XXI no es un misterio digno de un Premio Nobel. Se resume en pilares básicos que cualquier ciudadano firma debajo: calles limpias, aceras por las que caminar no suponga un riesgo físico, parques frondosos y cuidados, playas accesibles y una movilidad real que nos permita ir por ejemplo desde Emprius al Faro y desde Cap Salou al centro con un transporte público digno. Sentirse de un lugar es, sobre todo, sentirse respetado por los servicios públicos.
En un Salou donde convivimos más de cien nacionalidades, desde el este de Europa hasta el norte de África, de Hispanoamérica y de Asia, la integración no se logra desempolvando únicamente la historia del Rey Jaime I o buscando huesos romanos.
Conocer nuestra historia es fundamental, por supuesto, pero la identidad no se construye solo mirando al pasado mientras el presente está descuidado. La verdadera empatía y convivencia nacen de la seguridad, de la comodidad y de vivir en la ciudad que se nos vende en los catálogos, pero que a menudo no encontramos al salir de casa.
No tiene sentido volcar esfuerzos y recursos en zonas pensadas para quienes nos visitan tres días y jamás tendrán —ni se les espera— un sentimiento de pertenencia, mientras los que vivimos aquí todo el año nos sentimos, a veces, un poco huérfanos.
El sentido de pertenencia no se crea con eventos ni con marketing; está en manos del Ayuntamiento y se cultiva cada día en la calle. Para querer ser de Salou, primero hay que poder vivir bien en Salou. Yo soy de Salou, lo veo a diario, y no me hace falta una encuesta para saber qué falla.
Un artículo de
BLAI
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