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SALOU COLUMNA DE OPINIÓN


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RAÚL MARTÍN NÚÑEZ
Secretario de Desarrollo Económico, Turismo, Deporte, Empleo y Comercio de la Agrupación del PSC de Salou.
(Foto: Toni Cabrejas)

El Deporte: el gran motor de la integración social.

La verdadera esencia del deporte no está en la competición, sino en su capacidad de unir.



Desde tiempos antiguos, el ser humano ha encontrado en el juego y el deporte una forma de expresión, aprendizaje y conexión. No se trata solo de lanzar un balón, correr o seguir reglas; en su esencia más pura, el juego es un lenguaje universal que une a las personas sin importar su origen, condición o circunstancias. Para quienes han sentido la exclusión en cualquier forma, el deporte, tanto en su forma lúdica como competitiva, se convierte en una vía de inclusión, en la oportunidad de encontrar un espacio donde ser aceptados y valorados.

La sociedad impone, muchas veces sin darse cuenta, muros invisibles que dificultan la integración de quienes se sienten diferentes o fuera de lugar. Sin embargo, esas barreras desaparecen cuando un grupo comparte una pelota, una raqueta, un stick o una dinámica de juego. No hace falta hablar el mismo idioma para comprender las reglas de un partido improvisado, ni cumplir ciertos estándares físicos o sociales para disfrutar de una actividad recreativa en conjunto. El juego, por su naturaleza, nivela el terreno y abre la puerta a la convivencia sin prejuicios.

En colegios, parques o asociaciones, los juegos adaptados permiten que todas las personas puedan participar. Para alguien que ha vivido el rechazo, encontrar un grupo que le incluya en la dinámica del juego puede significar la diferencia entre sentirse invisible o parte de un colectivo. En esos espacios, la integración no es un objetivo impuesto, sino una consecuencia natural del simple hecho de compartir un momento de diversión.

El impacto del deporte en el bienestar emocional es innegable. Actividades recreativas y juegos en grupo han demostrado reducir el estrés, mejorar la autoestima y fomentar la socialización de manera espontánea. Cuando el juego se convierte en un punto de encuentro, las diferencias se desdibujan y lo que importa es la conexión que se genera en el momento.

A menudo, cuando se habla de deporte, se piensa en la élite competitiva, en la superación medida en récords y trofeos. Pero la verdadera esencia del deporte no está en la competición, sino en su capacidad de unir. No hace falta formar parte de un equipo profesional para experimentar sus beneficios; basta con un juego espontáneo en la calle, una dinámica en grupo o cualquier tipo de actividad recreativa bastan para derribar barreras y crear lazos.

Cuando alguien juega o practica deporte, no lo hace pensando en si está integrándose o si está participando en un proceso de inclusión. Simplemente juega, disfruta del momento y comparte. Y en ese acto tan simple y natural, sin discursos ni normativas, surge lo más importante: la conexión humana. Y ese, sin duda, es el mayor poder del deporte.

En un mundo donde aún existen demasiadas barreras que separan a las personas, el juego y el deporte nos recuerdan que, al final, todos buscamos lo mismo: un lugar donde sentirnos aceptados.

Un articulo de
RAÚL MARTÍN NÚÑEZ.



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